
Quién me iba a decir a mí que en una película de dibujos, una tortuga centenaria y llena de sabiduría zen, llamada Oogway, me miraría desde la pantalla con sus ojos profundos para decirnos a mí y al maestro Shifu (quizás el orden no fuera ese exactamente...) que el problema de todos nuestros males era nuestra necesidad de control.
Mi compañero de cuitas respondía casi leyéndome el pensamiento, que siempre podemos ejercer cierto grado de control sobre las circunstancias. "Si planto un melocotonero aquí - Decía Shifu, mientras abría un pequeño hoyo y plantaba en él una semilla - siempre voy a saber que ahí, en el lugar que yo he decidido, habrá en un futuro un melocotonero". Y yo pensaba - ¡Bien dicho, compañero!¡Ahí le has dao! - Pero claro, la tortuga que por tortuga y por ser maestra de Kung Fu, sabía más que todo mortal (humano o animal...), replicaba algo así; "¿Y si decides algún día que en lugar de melocotones, lo que quieres son peras o manzanas?". ¡Ala la puñetera ésta!, con una frase...tocados y hundidos.
Y es que por mucho que Shifu y yo nos empeñemos, no sólo tendremos melocotones en nuestra vida. Cualquier día subiremos la colina y lo que encontraremos será un ciruelo, porque mientras tratábamos de que las cosas siguieran como estaban, y de que todos los melocotones maduraran perfectamente, nos perdimos todo lo que sucedía a nuestro alrededor y dejamos de ver cosas maravillosas, dejamos de sentirnos afortunados y valiosos, sencillamente porque en la preocupación por mantener nuestro status quo ideal, nos olvidamos de vivir y de disfrutar.
Me quedo con la frase del maestro Oogway, que no por muy manida es menos cierta, porque igual algún día decido tener fe y dejarme de cuentos chinos...
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