Melancolía I
La mirada perdida en el infinito de un lunes eterno. Sentado al abrigo de un escenario tan absurdo como el mundo, el genio se bate en retirada del espacio y el tiempo, para rendirle tributo a la melancolía.
Iluminado por un amanecer estéril, el artista recoge sus alas de mármol para viajar a la deriva de un mar tranquilo, absorto en sus pensamientos.
Es capaz de recoger en su verbo toda la sabiduría que la ciencia esconde y domina los afectos, con la virtud de quien está de vuelta de todo, y sin embargo, sigue sin encontrar las respuestas que busca; las que no necesitan preguntarse.
Compartiendo melancolía, sus luchas se vuelven las mías y reconozco en su mirada algo de la que me devuelve el espejo; los dos andamos con el mar en la mirada y el espíritu clamando en lo más profundo.

