Paula
Creo que a veces el alma necesita su tiempo para que ciertos recuerdos maduren y podamos recuperarlos plenamente, sin miedo. Hace casi tres años que te conocí y probablemente no me recordarás a día de hoy, pero tú me enseñaste tanto...
No necesitaste libros y unas frases te bastaron para marcar un punto y a parte en mi vida. Tu recuerdo me asalta de golpe, sin saber porqué y de pronto te veo correr calle abajo para recibirnos, con la sonrisa más bella que he visto nunca. Me recuerdo a mí misma con el alma encogida de emoción al pisar la comuna más pobre de todo Medellín, casi en la cima de la colina, desde donde todavía se divisan los carteles del imponente centro comercial "El Tesoro" y las torres de negocios que franquean el barrio de Junín.
De repente, aparecen niños y niñas como tú de todas partes, corriendo, riendo. Pero tú, ya me habías escogido a mí. Te paraste delante, me miraste de hito en hito como si midieras dos metros más que yo y sonreíste y me contagiaste para que te devolviera otra sonrisa. Eso te bastó para conocerme. No tendrías más de 6 añitos, pero tus ojos negros, puramente negros, brillantes y profundos, me hablaban como quien es capaz de descifrar todos los secretos que esconde la Tierra.
Me gustaría pensar que tendrás una vida llena de oportunidades, para que puedas demostrarle al mundo que contemplas desde la colina, que tu suelo de arcilla roja y tu casa de tablones viejos, es sólo el principio injusto de un bonito cuento de hadas, en el que acabarás comiendo perdices. Pero lo cierto, es que no puedo olvidar tus ojos atónitos, como si hubieras visto un fantasma, cuando me preguntaste si tenía hambre y negué con la cabeza. No me creías, no podías, e insististe en que compartiéramos aquel batido que a ti te supo a plátano y a mí a vergüenza y pánico todo en uno.
El poco tiempo que compartimos fue un diálogo de abrazos mi niña de arcilla, y siento que me regalaste tanto, que nunca estuve a tu altura. Mi niña alegría, te hubiera llevado en brazos el resto de mis días para que tus pies desnudos no tocaran el suelo, pero supiste demostrarme la "fortaleza" que esconde lo frágil y la "fragilidad" que evidencia lo que disfrazamos de fuerza.
- Deja tu comentario (13)

